El voto útil.

Definición.- La última encuesta sobre las intenciones de voto se publicó, y no por coincidencia, en vísperas del debate del 25 de abril entre los seis candidatos a la presidencia de la república. Según ese estudio encargado por Reforma, las preferencias electorales daban una ventaja muy ligera al abanderado del partido oficial sobre el del PAN, dejaban en un lejano tercer lugar al del PRD y sólo un 1% de los encuestados se proponían sufragar en favor de alguno de los tres aspirantes restantes (Reforma, 24 de abril). Tras el debate, Vicente Fox, el candidato del PAN, y Gilberto Rincón Gallardo del recién nacido PDS, mejoraron su posición, aunque aún no se dispone de información para saber en que medida exactamente se modificó el panorama general (Reforma, 28 de abril, Milenio semanal, 1° de mayo, p.40). En cualquier caso, por primera vez en más de un siglo, se acepta general y públicamente que México vive las condiciones de incertidumbre electoral propias de las democracias. Precisamente por ello el “voto útil” se torna en uno de los elementos que puede determinar la permanencia del PRI en el poder --y acumular la increíble cantidad de 77 años seguidos de control político del país-- o la primera derrota que deberá aceptar. Pero también ese voto es el que puede determinar el peso y naturaleza de las izquierda si, como es previsible, en julio triunfa una de las dos variantes de derecha que hoy se disputan la mayoría en las urnas.
El “voto útil” ha dejado de ser un tema de consideración exclusiva de candidatos, partidos y especialistas para ser también asunto de discusión entre electores, especialmente entre aquellos cuyas simpatías están con la oposición y se preguntan como darle, dentro de las circunstancias de gran competencia entre PRI y PAN, el mejor uso a su voluntad anti sistema. La decisión a la que lleguen esos electores, tiene ya la posibilidad de afectar de manera determinante el resultado del 2 de julio y la naturaleza del sistema político mexicano de inicios del siglo XXI.
Si al finalizar 1999 los liderazgos opositores hubieran estado a la altura de las circunstancias, hubieran podido llegar entonces a un acuerdo histórico para dar forma a un frente y a un programa de gobierno comunes donde se hubieran hecho concesiones mutuas a fin de llevar a la larga transición mexicana un final digno, deseable y, sobre todo, viable. De haber sido ese el caso, el problema del “voto útil” hubiera quedado resuelto ahí y entonces. Pero como no hubo tal acuerdo entre PAN y el PRD, quien encabeza hoy a la oposición con mayores posibilidades de triunfo en las urnas --Vicente Fox-- es también quien insiste en convencer al opositor no panista que, al votar, debe considerar no sólo sus simpatías y fidelidades partidistas sino, sobre todo, la utilidad de su voto con relación a la gran tarea inmediata de toda la oposición: hacer realidad en México la democracia electoral.
Tras la argumentación en favor del “voto útil”, esta, en realidad, la búsqueda de una alianza de facto y de “último minuto” entre el candidato del PAN y aquellos electores cuyas simpatías están con los otros partidos de oposición, sobre todo con el PRD. En suma, la idea detrás del concepto de “voto útil” es que el votante no panista tiene la posibilidad, y obligación, de decidir cual de los dos males es el menor: un nuevo triunfo del viejo partido de Estado o el de una oposición de derecha pero, en principio, democrática, que es la que encabeza Fox.
La Oposición en Ascenso.- Cuando, tras las elecciones de 1988, el PAN debió aceptar que era la tercera fuerza electoral, no dudo ni tardó mucho en aliarse con la presidencia de Carlos Salinas y con el PRI en contra del PRD, pero ahora que es el PRD el que esta en ese lugar, Vicente Fox le esta pidiendo que no se comporte como en su momento lo hizo el PAN, sino que se sume al esfuerzo por sacar al PRI del poder y, a cambio, el guanajuatense le ofrece concesiones.
Vicente Fox, el portaestandarte de la Alianza por el Cambio, puede hacer esa oferta justamente porque a diferencia de Diego Fernández en 1994, el de Guanajuato sí quiere ganar, y porque su biografía no es la de un cuadro panista tradicional. Como panista reciente, Vicente Fox no pasa la prueba de “pureza de sangre blanquiazul” pues no tiene raíces familiares en el partido que creó en 1939 Manuel Gómez Morín, aunque si pertenece a la corriente de activismo social católico del que los panistas han sido parte desde su origen.
En contraste con su falta de “linaje” panista, el guanajuatense ha repetido una y otra vez que él dejó una exitosa carrera en el sector privado a invitación de otro empresario también recién convertido al panismo: el sinaloense Manuel J. Clouthier. Fox insiste en que su incorporación al PAN no fue motivada por el deseo de lograr un puesto público y “vivir de la política”, pues como empresario no lo necesitaba. El antiguo ejecutivo de Coca Cola asegura que su objetivo es vivir no de sino para la política democrática. Para el foxismo --que hasta hoy no necesariamente es igual a panismo-- la tarea histórica de la oposición en su conjunto es poner de lado temporalmente sus diferencias ideológicas y aprovechar la coyuntura que abren las elecciones del 2000 para llevar a un feliz término la ya muy prolongada y costosa transición mexicana.
Para lograr lo anterior, el candidato panista necesita de todos los apoyos y votos posibles, pues a estas alturas no le basta con los sufragios de la Alianza por el Cambio. De ahí su decisión de presentarse como el eje articulador de una gran corriente democrática que incluya a la derecha y al centro pero también, y esto es lo nuevo, a la izquierda, para unir fuerzas y, por primera vez, abrir las puertas de la democracia política formal en México. Ahora bien, disputarle votos al PRD desde el PAN no va a ser una tarea fácil, aunque Fox se propone hacerlo menos desde el PAN mismo y más desde el foxismo, pues eso lo que le permite presentarse ante los electores como un líder “un poquito a la izquierda” (Milenio Semanal, 17 de abril) y ofrecer a los opositores que temen a las consecuencias de un triunfo del PAN histórico, un gabinete plural, es decir, uno que puede incluir a representantes de las principales corrientes de oposición electoral y donde necesariamente habría personajes de centro-izquierda que haría algún contrapeso a la natural inclinación del PAN por la derecha dura.
La Perspectiva Cardenista.- Pocos se sorprenderían si, finalmente, al menos uno de los candidatos a la presidencia postulados por los partidos menores termina por aceptar la invitación de Fox y declina en favor del panista. Sin embargo, esa declinación serían más simbólica que sustantiva pues las encuestas dan al PARM y al PCD una proporción minúscula del voto, y si el PDS de Rincón Gallardo logró alguna ganancia tras el debate, fue precisamente porque insistió que el PDS no quiere sumarse a nadie sino usar la elección del julio para empezar a construirse un futuro de largo plazo. En esas condiciones, el voto opositor que realmente interesa a Vicente Fox es el que aún mantiene su lealtad a Cuauhtémoc Cárdenas y al PRD pese a que estan en una tercera posición, pero las posibilidades de un acuerdo con los perredistas en los términos del panista, siguen siendo muy pocas.
Antes, durante y después del debate del 25 de abril, el ingeniero Cárdenas insistió en su rechazo a la invitación Vicente Fox de unir esfuerzos por partirle el espinazo al PRI. En efecto, cuando Héctor Castillo, hijo de Heberto Castillo, el fallecido líder de izquierda, pidió públicamente a Cuauhtémoc Cárdenas que reconociera que su candidatura presidencial ya era inviable y que, por tanto, lo apropiado sería declinar en favor del abanderado del PAN a cambio negociar con él posiciones para un gobierno de transición, la respuesta negativa del ingeniero Cárdenas fue tajante. No renunciaría, dijo Cárdenas, porque, en primer lugar, no aceptaba como irreversible su posición de tercero en la contienda pero, sobre todo, porque para el cardenismo el proyecto del candidato de la Alianza por el Cambio significaba la reacción y la “antipatria” (Reforma, 20 de abril). Para el candidato del PRD, la defensa intransigente de Pemex como puntal de la economía nacional, ejemplificó el tipo de diferencias sustantivas que mantiene con el panista.
El Color del Cristal con el que se Mira.- En última instancia, la idea que cada elector tenga de la utilidad de su voto depende de los valores y de la visión que tenga de ese conjunto imaginado al que llamamos México; de lo ha sido, de lo que es y de lo que supone que puede llegar a ser.
Para el voto opositor de corte panista, lo que esta en juego no es ya el tipo de modelo económico, social o la relación de México con Estados Unidos y el sistema internacional en su conjunto. Las grandes decisiones al respecto se tomaron y se pusieron en práctica desde hace tiempo, desde la época de Carlos Salinas, y el PAN negoció y aceptó todas y cada una de ellas, por tanto en sus grandes líneas el actual proyecto nacional es tan panista como priísta. En esas condiciones, lo que realmente esta en la balanza es quién y cómo va a administrar el México del futuro.
Para el PAN en lo general y para Vicente Fox en particular, lo indispensable es lograr la alternancia en el poder para asegurar la viabilidad del proyecto inyectándole energía por la vía de la legitimidad. Para que la sociedad mexicana asuma como asunto propio el presente y futuro del país, se requiere llevar a cabo un combate efectivo contra la corrupción que hoy corroe a toda la vida pública, implantar un verdadero respeto por la legalidad y, desde luego, rehacer la estructura institucional del Estado. Una tarea de esas proporciones no la puede llevar a cabo el PRI porque el peso de su historia de autoritarismo, ilegalidad y corrupción --los intereses creados-- es un obstáculo insalvable; en realidad el llamado “Nuevo PRI” simplemente no existe, es una imposibilidad lógica, de ahí que la alternancia de partidos en el poder sea insustituible --la ”piedra filosofal”-- para lograr la siempre buscada y nunca lograda, regeneración de México.
En contraste, para el ingeniero Cárdenas y para toda la corriente política que él encabeza, la alternancia en el poder, aunque importante, no pareciera ser el asunto históricamente más sustantivo para México, sino la preservación hoy, y su expansión en el futuro, de una organización de izquierda. Desde esta perspectiva, el PAN y el PRI son lo mismo, aunque se admitan diferencias en sus estilos de gobernar y en sus efectos inmediatos sobre la vida cívica.
Es claro que un triunfo del PAN ensancharía las posibilidades del pluralismo mexicano y de eso que Larry Diamond ha llamado la democracia electoral y la democracia liberal. La primera es la que garantiza elecciones periódicas, libres y equitativas, y la segunda es la que, además, implica límites al poder Ejecutivo, predominio de la ley, ausencia de dominio reservado para las fuerzas armadas, la iglesia u otros actores similares y respeto a los derechos humanos ( Developing Democracy: Toward Consolidation, 1999). Sin embargo, para la izquierda, lo que el PAN no garantiza es un avance en el tercer pie del trípode democrático: el social, y eso es fundamental para hacer de la mexicana una comunidad digna y viable.
La histórica y muy injusta distribución de las cargas y privilegios en México no ha sido resuelta, ni se resolverá, con el mero funcionamiento de la economía de mercado y con su integración a la zona comercial de la América del Norte. Dada la disparidad existente entre México y Estados Unidos, lo que esta ocurriendo hoy va a seguir ocurriendo en el futuro: se acentuarán las diferencias entre los grupos, las clases y las regiones. Por tanto, es necesaria una fuerza que de manera sistemática y constante obligue al PRI y al PAN, juntos y por separado, a confrontar el problema del bienestar de los mexicanos que viven en distintos grados de pobreza y que son la mayoría. Desde esta perspectiva de izquierda, el voto útil es el que se emite más en función de la problemática social que de la meramente política, y más en función del largo plazo que del 2 de julio. En suma, no hay un voto útil sino varios. Y la definición que se tome depende de los valores y las visiones de México de cada uno de nosotros. Si lo más importante es sacar al PRI del gobierno, el llamado de Fox tiene sentido, si lo fundamental es obligar a las derechas a balancear la carga en el trayecto largo de la modernización mexicana, entonces hay que apoyar a la izquierda aún a riesgo de tener otro sexenio con el PRI en el mando.

No hay comentarios: